Llegado a esta edad, con todas las experiencias vividas y los rasguños sufridos en el corazón, confirmas ciertas creencias que te has ido formando durante el tiempo sobre la esencia del ser humano. Una que me llama de forma poderosa la atención, es el hecho de entender el porque se engendra en nosotros esa semilla tan dañina como es el sentimiento de la envidia hacía el prójimo.
Todos, en mayor o menor medida, somos envidiosos. Aunque como siempre suelo decir, el grado en que se manifiesta este defecto, es lo que mide lo pernicioso que puede llegar a ser para el que lo padece principalmente, pero también para aquellos que lo sufren, producto de las acciones mal intencionadas de los envidiosos de lo ajeno.
La envidia se presenta en varios envases o productos, válgame el símil utilizado. Su versión "light", bajo en proporción de contenido dañino. Es la denominada "envidia sana". Aquel sentimiento benevolo que te provoca la suerte que que haya podido tener alguna persona que conoces, por la que puedes sentir cierto aprecio, y que consideras que pueda merecerlo. Pero que anhelaríais para ti mismo, compadeciéndote de tu mala fortuna.

El que lo sufre en este grado, recibe la noticia de la alegría ajena, como si le hubieran atravesado el corazón con un puñal incandescente. Siente ira, se enoja, se frustra... en un sentimiento similar a como si le hubiera sucedido en carnes propias, algún acontecimiento desgraciado. Llega a destilar odio hacía esa persona por sus logros y cualidades personales.
Yo he sentido sentimientos de envidia hacía mi persona en muchas ocasiones de mi vida más o menos dañinos. Y la sensación no es nada agradable la verdad. Me pone triste según de quien proceda y con que objeto se haga o se manifieste.
Compartir con gente cercana tus alegrías y logros, obteniendo como respuesta, frases con oscuros propósitos infravalorandolo, despreciandolo, mofándose de ello, o simplemente, ignorándolo, te deja tocado animicamente. Aunque ya vas conviviendo con ello y aceptándolo como parte de la vida. Aprendes a identificarlos y creando una especie de película protectora invisible para minimizar los daños.
Hay algo más bonito que compartir con la gente que aprecias, tu felicidad por algo que te ha sucedido o por la consecución de un logro o adquisición de alguna cosa que para ti tiene valor ??!!!!
Si por un casual, tienes una temporada mala, como me ha sucedido... he recibido el apoyo anímico de las personas de mi alrededor de modo casi unánime. Porque igual que se desprecia al que le van bien las cosas, al que esta por debajo y por el cual se siente cierto afecto, se le suele extender la mano y ayudar a salir del bache...
Lo tengo que aseverar, muy a mi pesar, que las personas por lo general
son envidiosas. Es mi experiencia personal. Y es lamentablemente, la verdad. Qué digo yo... ¿¿ Qué costará una palabra bonita de felicitación, de
apoyo, de ánimo...? ¿ Porqué hacer sentir mal a la otra persona de modo
innecesario?

No seamos envidiosos por favor... Es un sentimiento negativo que no conduce más que a la autodestrucción, que te impide avanzar hacia la consecución de tus propios objetivos y hacer daño de modo innecesario a los demás.
Si eres una persona integra y feliz contigo misma, seguro que no sentirás envidia de los demás. Si demuestras ese sentimiento a menudo, hazte ver que quizás tienes un problema contigo mismo. Dale la vuelta y cambia el chip.
Te irá mejor... !!!!

Mi Generación Z se actualizará cuando tenga algo que contarte... No sufras ;)
http://migeneracionz.blogspot.com
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